Sr. Malajunta
Qué cobarde y arrodillada es la Unión de Funcionarios de Carrera Diplomática y Consular (Unidiplo).
Y, como ella, el Sindicato de Empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores (Semrex).
Se cagan del susto cuando alguien, pistola al cinto y radioteléfono en mano, les levanta la voz.
Pero se alebrestan y gritan y patalean cuando un presidente habla suave y tiene modales dignos o, al menos, decentes.
Dirán que son diplomáticos y que, por ello, mantienen silencio ante las decisiones del principal inquilino del Palacio de San Carlos.
Y, por esa actitud de aves carroñeras, asustadas mientras picotean el cadáver, la diplomacia colombiana es el hazmerreír del mundo.
La de hoy, desde luego. Embajadores y cónsules de antes al menos sabían comprender lo que leían.
¡Cómo ha cambiado la burocracia cancilleril en pocos días!
De frente de guerra contra el presidente Gustavo Petro, pasó a ser obsecuente y abyecto redil de ovejas aterrorizadas.
La hiena o el chacal o como se haga llamar el jefe, los hundió a todos, mamadores in æternum del presupuesto, en dóciles y churrientos ovinos.
A solo un mes de asumir Petro, Unidiplo protestó voz en cuello, porque seis embajadores nombrados no reunían los requisitos que esa recua perfumada defiende.
No son diplomáticos de carrera, dijo entonces Unidiplo, y recalcó que, entre sus afiliados, había candidatos que no fueron tenidos en cuenta.
Las protestas —obvio, lógico— fueron publicadas, republicadas y vueltas a publicar por los medios corporativos.
Hoy, cuando la lista de nuevos embajadores sin el requisito de tener una carrera diplomática es de 22, Unidiplo y Semrex enmudecen.
Esa pusilanimidad tiene explicación. Pueden dejarlos sin los sueldazos que han devengado durante años largos.
Hoy ya no argumentan lo de hace cuatro años, cuando citaban que “por virtud del principio de Especialidad, podrá designarse en cargos de Carrera Diplomática y Consular, a personas que no pertenezcan a ella, cuando por aplicación de la ley vigente sobre la materia, no sea posible designar funcionarios de Carrera Diplomática y Consular para proveer dichos cargos”.
Los ratones de la Cancillería se les comieron la lengua a todos, incluso para referirse al mentiroso ministro Ómar Bula Escobar.
- Registró como programa técnico o formación de seis meses un curso de negociación estratégica en Harvard que en realidad tuvo una duración de cinco días en mayo de 1998 y por el cual solo se entrega certificado de asistencia.
- Incluyó una especialización en administración estratégica de negocios que se señala como un título de carácter comercial y no un posgrado académico homologado.
- Presentó una maestría de doce meses (doble titulación entre la Euncet Business School de España y Aden University) como dos programas independientes que sumarían cuatro años de duración. Además, se cuestiona que uno de los títulos sea un "título propio" sin homologación oficial en Colombia.
Pero, y esto también es mentira, tampoco ha sido diplomático. Jamás.
Treinta años viviendo en la comodísima burocracia internacional no significan ni un solo segundo en la diplomacia.
Pero todo lo anterior tiene sin cuidado a los embajadores y cónsules sindicalistas.
Les importa un culo (rábano, para hablar diplomáticamente) que un mentiroso sea su jefe inmediato y que de él se burlen en el mundo.
Solo les importan su sueldazo y las gabelas que puedan derivarse de su grado de diplomáticos. Nada más.
¡Ay!, es que, realmente, es tan cómodo devengar sin trabajar…
A Petro le criticaron con acerbía, porque nombró como diplomáticos a militares y policías en retiro.
Pero ensordece el silencio de estos sindicalistas de pacotilla con la designación del cuestionadísimo coronel Luis Alfonso Plazas Vega, como embajador en Perú, en reemplazo de su mujer, Ruby Thania Vega de Plazas?
¿Estos burócratas sabrán que Plazas tiene 81 años, lo cual le impide ser funcionario del Estado, incluso diplomático?
¿O lo saben y prefieren esconderse debajo de los escritorios, para no tener que admitirlo?
Esto explica también por qué, a kilómetros, el Palacio de San Carlos hiede a mierda.
Palabras como fantoche, mamarracho, adefesio, engrupido, nacen en cualquier parte, y desde allí van y vienen. Ocurre con todas.
El más reciente mugido del animal presidencial dejó al descubierto su interés por silenciar y adormecer, a toda costa, los procesos sociales que ha vivido el país en su lucha por transformarse en un Estado social de derecho, donde haya cabida para distintas posturas ideológicas y se garanticen los derechos de las personas.